[LVM] Día 29 – Ciudad Prohibida, Templo del Cielo y Palacio de Verano

Hoy era el día en que visitaríamos la mayoría de los grandes éxitos de Beijing.

Se venía otro día de turisteo intenso.

Partimos el día muy temprano, la agenda era ambiciosa y había que estar a la altura.

La primera parada era la Plaza de Tiananmen. Yo me imaginé que la plaza estaría abierta para que los turistas se pudieran sacar fotos. En la práctica, el control policial era muy grande y no podías ir a tomarte fotos donde quisieras.

En retrospectiva, creo que la Plaza Tiananmen ejemplifica perfectamente la locura en la vive Beijing, la excesiva militarización de todo, con un enfermizo sentido de desconfianza.

Se acuerdan que les conté que para tomar el tren desde el aeropuerto había que pasar por un detector de metales? Adivinen que hay que hacer para tomar el metro o para entrar en Tiananmen.

Una pista, no es bailar un hockey pockey.

La cosa es que ahí estábamos, frente a la Ciudad Prohibida, frente al retrato de Mao Zedong, esperando para entrar.

Una vez dentro me pareció un lugar confuso de visitar y difícil de apreciar por varios motivos.

La Ciudad Prohibida en sí misma es un gigantesco espacio amurallado, dividido en una serie de patios, uno tras otro, delimitados por grandes edificios que tenían diferentes usos en la época imperial. Todas las construcciones (paredes, edificios, etc.) están pintadas de un severo rojo ladrillo y con algunos adornos en las vigas. El lugar es tan grande que fácilmente tomaría unos 20 minutos cruzarlo de lado a lado, pasando en línea recta, sin detenerse a mirar ni tomar una sola foto.

Grande.

Tan solo al final, en el último patio, era posible encontrar un par de árboles y un jardín que hacía que todo esto pareciera el hogar del emperador y no una serie de edificios administrativos, el resto era todo cemento.

Es imprescindible mencionar que todo el lugar estaba repleto de turistas, principalmente chinos, tanto así que por momentos era preferible seguir de largo antes que pararse a tomar una foto.

Creo que todo esto contribuyó a que la Ciudad Prohibida no me pareciera tan atractiva como pensé que podría ser. También creo que el exceso de cemento y la falta de humanidad en todo el lugar tuvo un costo.

Personalmente todo el lugar me pareció gris, mecánico, aparatoso y sin gusto. Curiosamente, creo que varios de esos adjetivos podrían ser aplicados a otras cosas en Beijing.

Nuestra segunda parada fue el Templo del Cielo, lugar donde el emperador rezaba para pedir por una buena cosecha.

Otra cosa.

A pesar de que el sector donde estaba el templo mismo de nuevo era solo cemento, el lugar se sentía más equilibrado. Los alrededores eran grandes jardines y las construcciones tenían coloridos adornos.

Mucho más humano.

Para cerrar el día, la última parada fue el Palacio de Verano, el que era usando como vivienda del emperador en el verano, durante la última dinastía China.

El lugar es una serie de construcciones en torno a un lago artificial, el que es navegable. El palacio principal era una gran construcción en la orilla del lago y las demás eran pabellones de menor tamaño en diferentes ubicaciones.

Desde luego todo de un riguroso rojo ladrillo, con harto cemento por todos lados y algunos árboles al rededor.

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