[LVM] Día 28 – Zoológico de Beijing y Shichahai

Estábamos en Beijing, lo habíamos logrado y ahora teníamos que salir a ver qué era lo que había en este lugar tan lejano y que por años había sido fuente de innumerables relatos de fantasía.

Traté de hacer memoria sobre qué era lo que usualmente buscaban los protagonistas en aquellos relatos antiguos: seda, especies, caballos, semillas y frutos.

Salimos del hostal y noté que las cosas no eran como en aquellas historias que leía cuando pequeño. Llegar al supermercado preguntando por caballos y especias ya no parecía tan buena idea.

China ya no era lo de antes.

Le dimos un par de vueltas tratando de recordar que eran las cosas típicas de China que deberíamos ver, pero lo único que se los venía a la cabeza era ropa de mala calidad y artículos piratas.

Después de algunos momentos de confusión recordé una vieja película sobre un oso que quería aprender Kung-fu y supe qué era lo que te teníamos que ver: pandas.

Eso era.

Ahora solo teníamos que averiguar dónde podíamos encontrar pandas. Una opción era internarnos en un bosque de bambú, pero no parecía una opción muy práctica, en especial por los mosquitos.

Tal vez en algún persa chino podríamos encontrar un panda, pero nos arriesgábamos a que fuera un oso común pintado de blanco y negro, y con nuestra inexperiencia un panda pirata habría sido difícil se identificar.

Por fin, luego de profundas cavilaciones dimos con la solución: el zoológico de Beijing. Así que partimos rumbo al zoológico.

Lo primero que uno nota al llegar que los pandas son por lejos la atracción principal y que los demás animales están ahí básicamente para poder decir que es un zoológico y no una jaula con pandas.

Algunos de los animales estaban en condiciones que la verdad daban pena (tigres y panteras, por ejemplo). Otros estaban en condiciones que se veían aceptables. En mi memoria el zoológico de Santiago parecía una instalación a todo lujo versus el de Beijing.

Después de ver los pandas y desencantarnos en parte con el resto, nos fuimos un poco compungidos a Shichahai, una zona tradicional de Beijing, ubicada atrás de la ciudad prohibida.

La gracia es que hay 3 lagos y algunos jardines y uno puede pasear a su alrededor. Además en torno a estos lagos hay una zona comercial de aire tradicional, donde pensé que finalmente podría preguntar por seda o especias, pero en la práctica resultaron ser tiendas donde vendían magnéticos para el refri.

Nada de seda, caballos o especias.

De todos modos resultó un lugar agradable, donde era posible encontrar gente encumbrando cometas estilo chino, una suerte de artistas callejeros jugando con diábolos y con una especie de e trompo gigante, y un montón de gente ofreciendo masajes de pies.

Después de darle la vuelta al lago Qianhai (se lee ‘chianjai’) volvimos agotados a nuestro hostal: habíamos visto pandas.

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