[LVM] Día 93 al 97 – Moscú

En retrospectiva, Moscú tal vez fue una de las mayores y más agradables sorpresas de este viaje.

Para ser honesto no tengo claro qué estaba esperando cuando decidimos visitar esta ciudad. Ciertamente sabía que era un lugar interesante y tan sólo la idea de visitarlo ya me resultaba atractiva. Sin embargo, creo que no teníamos ningún motivo claro (más allá de turistear) por el que quisiéramos ir, ni tampoco expectativas claras.

En el fondo eso es lo entretenido de viajar.

Si tuviera que describir Moscú en una frase diría que es como un gigantesco museo o un enorme teatro. Literalmente, sientes guiños de cultura e historia en todas y cada una de las esquinas de la ciudad. De sólo recordarlo ya me emociono un poco.

Sin intención de sonar snob, pero como alguien que disfruta de la música clásica y del ballet, estar en Moscú ciudad se sentía un poco como estar en la Mecca. Más aún, había un cierto fetiche y satisfacción en caminar las mismas calles que alguna vez caminó Tchaikovsky, Mussorgsky, Shostakovich o Prokofiev, en toparse con monumentos conmemorando a Dostoievski o Tolstoi, o en visitar los lugares en que la historia fue escrita.

Visitar esta ciudad se sentía como visitar la tierra de la fantasía, el lugar donde muchas de las historias que había leído en mi vida había ocurrido. Desde luego, algunas de esas historias no eran tan placenteras o lindas como a uno le gustaría. Todo lo contrario, más de una estaba notablemente manchada de sangre. Aún así, era el lugar de muchos sucesos fascinantes.

Adicionalmente, la ciudad misma resultaba impresionante en varios sentidos.

Primero que nada, Moscú es una ciudad enorme y sorprendentemente agradable. Los suburbios que pudimos visitar eran atractivos, cómodos, limpios y bien organizados. Por su parte, el centro era una sucesión de puntos de importancia histórica y cultural, MUY bien mantenidos. Tal vez esa fue la mayor sorpresa de todas, encontrarse una ciudad tan bien cuidada y con tanta preocupación por destacar la belleza de las construcciones y de la ciudad en sí misma.

Por las noches el centro de la ciudad era un espectáculo digno de la gloriosa y tormentosa historia del país. Prácticamente todos los edificios eran iluminados destacando su imponente presencia y deliciosa arquitectura. Lugares como el Teatro Bolshoi, la Catedral de San Basilio o el Kremlin, ya atractivos de día, se vuelven joyas imposibles de no admirar durante la noche.

Segundo, Moscú resultó una ciudad mucho más viva, elegante y cosmopolita de lo que esperaba. No sé si esto tendría que ver con qué llegamos un mes después del mundial o no, pero la impresión que me dio fue muy positiva. Prácticamente cada esquina tenía algo que ofrecer, desde artistas callejeros a construcciones imponentes. Prácticamente todo estaba dispuesto con cierta consciencia de preservar la armonía de la ciudad: no había avisos gigantes, ninguna tienda alteraba la fachada de las construcciones, no había excesos ni rimbombancia innecesaria. Prácticamente todo estaba lleno de turistas y extranjeros.

Sinceramente, no esperaba tanto de Moscú. Me imaginaba que sería interesante, pero nunca imaginé la hermosura de ciudad que es.

Y eso que ni siquiera he mencionado el metro.

El Metro de Moscú es una experiencia por sí mismo. Muy honestamente, creo que bien valdría la pena una visita a esta ciudad sólo para ir a andar en metro.

En serio.

El metro otra de esas cosas que te recordaban de la majestuosidad rusa, de lo culturalmente inigualables que fueron en algún momento y de lo grandiosa que es su historia en términos artísticos. La estación de Universidad de Chile del Metro de Santiago, una de las más bonitas del metro de Santiago, es un calcetín sucio al lado de las estaciones del Metro de Moscú. Para que se hagan una idea, hay estaciones que literalmente son un pequeño palacio.

Así como lo lee el excelentísimo.

Tal vez lo único que “no me gustó”, por decirlo de alguna forma, fue que en el fondo había momentos en que la ciudad de sentía robótica y fría. Como dije, todo estaba muy bien cuidado…a un nivel desquiciado. No había edificio que no estuviera perfecto, pintura impecable, limpia, vidrios impecables, fachada perfecta. En el centro todos los autos andaban impecables, relucientes, como si recién los hubieran pulido. La gente andaba impecable, parecía que todos iban a la reunión más importante de sus vidas, al punto de que los turistas siempre eran los más desastrados. De algún modo tanta “perfección”, sumado a que los rusos no eran la amistad hecha persona, hacía que la ciudad en serio se sintiera como un museo: hermosa, impresionante, admirable, pero ajena, fría, mecánica y un poco deshumanizada.

De todos modos, y como turista, Moscú es un lugar muy interesante, agradable de visitar y al que definitivamente nos gustaría volver.

 

Un comentario sobre “[LVM] Día 93 al 97 – Moscú

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  1. Hola
    Concuerdo con lo teatral de la ciudad. Todo es en una escala gigante, y se hace uso de la iluminacion para lucir su arquitectura.
    A ratos me sentia como en una puesta en escena de alguien, como si en cualquier momento fueran a decir detenganse, ya no es necesario seguir fingiendo! No recuerdo gente con discapacidad… eso lo encontre raro

    Me gusta

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