[LVM] Día 23 – Jardin Nacional de Shinjuku

Algunos días antes, cuando pasamos por Shinjuku, no pudimos visitar el jardín nacional de Shinjuku porque por algún motivo que desconozco a los japoneses les gusta cerrar las atracciones los lunes.

Así que en nuestro último día en Tokio fuimos a visitar el Jardín Nacional Shinjuku Gyo-en. Más tarde en este mismo día partiríamos de camino a Kioto.

Para bien o para mal, justo ese día se puso a llover en Tokio. El informe del tiempo decía que iba a llover en la tarde, así que salimos a toda velocidad en la mañana para alcanzar a visitar el jardín antes que empezara a llover. Sin embargo, el Iván Torres japonés se equivocó igual que en Chile y la lluvia partió tipo 11 am, justo cuando llegábamos al jardín.

Mala cosa.

Pero como nosotros somos turístas previsores y todo terreno, salimos con el paraguas bajo el brazo y le sacamos la lengua a la lluvia.

Güichipirichi.

La verdad es que tampoco llovió a mares, llovió suave, a ratos y no hacía frio, pero igual el paraguas era necesario para no quedar empapados.

Según el folleto que ellos mismos te dan a la entrada, Shinjuku Gyo-en es “la convivencia en armonía de un jardín de estilo inglés, uno de estilo francés y un jardín japonés tradicional”.

En efecto, los tres tipos de jardín de combinan de forma tan simbiótica que mientras vas caminando no te das cuenta que saliste de un tipo de jardín cuando repentinamente te encuentras en medio de otro. No es que yo sea un gran conocedor de jardines, de hecho hasta antes de esto nunca me había detenido a pensar respecto a las distintas escuelas de jardinería, pero creo que los que más destacaban eran el jardín japonés y el francés. El jardín de estilo inglés de algún modo conseguía resbalarse entre los dedos sin que uno pudiera tener una imagen clara de cuando pasaste por ahí ni de qué es lo que había. Me imagino que también tiene que ver con qué era el tipo de jardín que me resultaba más natural y por consiguiente el que me llamaba menos la atención.

Ya hacia el final del día iniciamos el peregrinaje camino a Kioto. Por comodidad y precio decidimos irnos el un bus nocturno, un tipo de buses que recorre el tramo entre Tokio y Kioto durante la noche mientras uno duerme. Acá queeridoss lectores ustedes pensaran que no dormimos nada.

Nones.

La verdad yo nunca he sido bueno para dormir en buses o aviones, me cuesta harto y cuando logro dormir algo casi no descanso. No obstante, este bus de las mandó, con decirles que dormí toda la noche y desperté fresco como lechuga. El asiento era super cómodo, se inclinaba harto, tenía una mini almohada que afirmaba la cabeza a la perfección y una especie de paraguas que iba al frente y tapaba la luz. El conductor además era suave y la calefacción estaba a una temperatura adecuada.

Aprende TurBus.

Después de una noche de viaje llegamos a Kioto, antigua capital de Japón. Estábamos listos para seguir con el turisteo intenso.

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