[LVM] Día 49 al 51 – Ao Nang Beach

Inicialmente nuestro plan era pasar por Kuala Lumpur para luego ir a Penang y finalmente entrar por tierra a Tailandia, donde nuestro primer destino sería Koh Lipe.

Sin embrago, tuvimos que hacer un cambio de planes e irnos directo a Krabi, para llegar a Ao Nang Beach.

Cuando planificamos la llegada a Tailandia nunca nos cuestionamos el factor del clima, sencillamente lo obviamos. Ahora, al llegar a Ao Nang, lo primero que se me vino a la cabeza fue preguntarme si habíamos venido en la época correcta.

Llovía a mares.

Hasta el momento nos habíamos cruzado con lluvias en otras partes (República Dominicana, Tokio, Kuala Lumpur), pero ninguna de esas había traído a mi cabeza la pregunta “está bien esto?”

La lluvia se extendió como un negro presagio por todo el camino desde el aeropuerto de Krabi al hotel en Ao Nang.

Reflauta! – pensaba para mis adentros.

Llegamos y salimos a comer algo – ya eran cerca de las 8 pm, capeando la lluvia a fuerza de pasos rápidos y zancadas largas. El calor era intenso a pesar de la lluvia, así que podías mojarte con tranquilidad, y hasta cierto punto con esa burda alegría del que experimenta algo por primera vez en su vida.

La mañana siguiente estaba despejado, aunque el suelo en la calle se veía sospechosamente mojado.

Nos vamos a la playa.

Salimos con traje de baño, chalitas, sombrero y toalla bajo el brazo. En el camino nos cayó una que otra gota furtiva, pero no le dimos mayor importancia – los resabios de una noche de locura en el cielo.

Llevábamos como hora y media en la playita cuando yo noté algo en lontananza.

– Como que se nubló.
– Pucha si.
– Oh! Mira la isla que estaba ahí al frente ya no se ve.
– Estará lloviendo allá?

Repentinamente empezaron a caer alguna gotas, a los pocos segundos ya eran varias gotas y 30 segundos después el temporal se había desatado con fuerza. En una escena digna del Libro del Apocalipsis, cientos de turistas corrían para salvarse del diluvio. Padres se movían con celeridad en todas direcciones recogiendo retoños y efectos personales.

Sumergidos en la estampida, buscamos refugio en el techo más cercano que pudimos encontrar y ahí nos quedamos por cerca de 10 minutos, hasta que el cielo decidió dar tregua.

Esta escena se repitió en múltiples ocasiones mientras estuvimos en Ao Nang. Hasta cierto punto parecía que todo esto era normal, pero la pregunta respecto a si está era la época adecuado para visitar Tailandia se resistía a desaparecer de mi cabeza.

Así, entre lluvia y playa, pasamos los siguientes tres días. Hasta cierto punto, era interesante ver cómo los negocios y carritos de comida lidiaban con el temporal. Plásticos, techos removibles, carpas, todo valía, todo era normal.

Entre toda esa locura tuvimos la suerte de encontrar una de las mejores invenciones de la cocina Thai: el panqueque banana-nutella. Por lejos el mejor postre que es posible encontrar en un carrito. El helado de coco y los jugos naturales eran una alpargata vieja ante el poder del panqueque banana-nutella.

Nuestros días en Tailandia no volverían a ser lo mismo.

Creo que es importante destacar que, en nuestra opinión, la vida está en los carritos de comida callejera. No hay mejor forma de comer rico, barato y de probar lo que un país tiene para ofrecer, que comiendo comida callejera, y Tailandia tiene mucho que ofrecer.

 

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